Sólo baladas, sólo lentos

05/01/2016 | 12:19

La muerte arrebata al ser amado, pero nunca los recuerdos. El amor y los recuerdos son eternos. Dice un autor: “La muerte termina una vida, pero nunca una relación.” Y cuando una persona pierde un ser querido, tiene que transformarse en historiador de esa persona que partió. Una forma de comenzar a elaborar este dolor es pedir a las personas que lo conocieron que le cuenten todo lo referente a él o a ella, sus anécdotas, cómo era, qué cosas le gustaba hacer, cuál era el rasgo más notorio que lo identificaba, qué prefería comer. Es decir, reunir la mayor cantidad de información que sea posible sobre el ser que tanto ama.

Cuando recolectamos o reunimos la historia de la persona que partió, vamos viendo que cada uno de los seres que lo conocieron, que formaron parte de su vida, cuenta su historia de una determinada manera, cada uno le da una forma distinta y la va recreando de una manera nueva, diferente. Porque cada historia lleva consigo una emoción, al contarla no sólo decimos palabras sino que todos nuestros sentimientos están puestos de manifiesto en el relato que nos acerca a esa vida que estamos recordando.

La muerte termina con la persona, pero nunca termina con la relación que hemos tenido con ella ni con la huella que dejó en nosotros. Por eso necesitamos conservar un álbum de los recuerdos que nos ligaron a esa persona.

Este fin de año brindemos por los que no están físicamente, pero si estarán eternamente en nuestro corazón y en nuestra historia.

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